lunes, 6 de julio de 2015

El último artista


Hoy se conmemora 10 años de la muerte de un artista incomprendido, que no llegó a triunfar vivo. Esta es la historia de Candó en la actualidad considerado uno de los mejores artistas plásticos del siglo XXI, pero tuvo que enfrentar obstáculos antes de conseguir su fama. Un artista innato como el tendría el apoyo de su familia y la sociedad sin embargo esa no es la historia que él me contó. Hoy voy a exponer su verdad.
Lo conocí en la escuela secundaria siempre fue un tipo reservado, promedio y sin ningún problema. Un viernes por la noche, si mal no recuerdo una cálida noche de noviembre, encontré a Fernando en el boliche de la calle Alvear completamente ebrio y sociable cosa que no era nada propio de él. Se me acercó y me dijo: - Me escapé de mi casa, vos sabes como son mis viejos. Pero no le a nadie ehh-. Fue ahí cuando me di cuenta que Fernando no es en realidad la persona que todos creemos, es más que el promedio más alto del colegio y todavia aun mas que el hijo perfecto.
Aquella noche observe cada uno de sus movimientos; saludaba a personas que nunca antes había visto, se comportaba totalmente desinhibido. Entonces decidí ayudarlo por miedo a que le sucediera algo. Cuando me acerque a él me dijo que se quería, que se sentía mal. Por lo tanto salimos del boliche y caminamos hasta su casa, eran las 4 de la mañana y ninguno de los dos sabía muy bien lo que estaba pasando.
Narrador: Quedate tranquilo Fer, aprovecha esta noche que cuando estudies medicina no vas a poder salir tanto.
Fernando: Uh no me digas eso. Igual yo no quiero seguir medicina no se por qué todos piensan eso. El otro dia fui a visitar la morgue que está a la vuelta de la Facultad de Económicas, me desmaye apenas vi el primer cadáver.
Narrador: Todos sabemos que vas a ser médico, tu papá lo anda diciendo por todos lados.
Fernando: ¡Uh! ¡ya se! Siempre discutimos por lo mismo. Medicina no es para mi, yo quiero ser artista es mi sueño pero en mi casa no me lo permiten.
Cuando escuche estas palabras no sabia que decirle. Me contó cómo disfrutaba de ir a los museos, el de Bellas Artes que se encuentra en Recoleta era su favorito. 
Un dia buscando refugio de su triste realidad familiar se pasó ocho horas dentro de aquel museo, simplemente admirando cada cuadro y soñando despierto con su futuro ideal. La cara que ponía cuando me lo contaba, se le iluminaban los ojos como nunca antes había visto en una persona. Ahí fue cuando le recomendé que él es dueño de su vida y que tenía que decidir qué hacer con ella. Se enojó se puso muy violento y agregó: -¿Vos estas loco? Si fuera por mi yo seguiría bellas artes; pero mi papá con sus ridiculeces de carreras convencionales no me deja-. Me quede duro. Para aquel momento ya estábamos en la puerta de su casa; sorpresivamente su padre salió a la puerta. Lo retó por el estado en el que volvió, algo entendible de su parte. Fernando lo confronta diciéndole que lo hizo para descargarse y olvidarse del estrés que le producía saber que él nunca iba a estudiar lo que le gustaba. El padre inmediatamente lo arrebató y le dijo que los artistas no tenían futuro, que su apellido llevaría la palabra doctor adelante y que se dejara de joder. A todo esto yo decidí quedarme callado y por supuesto no di mi opinión. Fernando entró a su casa, el padre me agradeció y cerró con furia la puerta. Esa noche me quede angustiado, apenas pude dormir.
El lunes siguiente ninguno de los dos se animó a hablar no lo sucedido el viernes por la noche, aunque yo moría de intriga. Hasta el dia que lo encontré en un recreo solo sentado en el pupitre dibujando el libro de biología con una figura de un ave volando. Ahí me acerque y le dije:- ¡Flaco vos tenes que seguir arte!- (nunca había visto una obra tan majestuosa como esa). Vi como sus ojos se llenaron de lágrimas, él sabía que era su pasión pero al mismo a tiempo lo veía muy lejano. Tuvimos una charla sincera donde hablamos sobre la presión que su padre le ponía y como él no quería decepcionar a su familia entera. Me di por vencido, convencerlo parecía imposible y me sentí frustrado.
Al otro dia note que ver no había ido al colegio, después del recreo fui a mi casillero a buscar unos libros y cuando lo abrí una nota que decía gracias cayó al piso; me extrañó pero no hice nada al respecto solo desee que fuera el día siguiente para preguntarle a Ver si había sido él, otra persona no se me ocurrió.
Así pasaron cuatro días y Fer no había vuelto al colegio. Esa tarde pasé por su casa para hablar con él y confirmar si estaba enfermo, pero sucedió algo que jamas imagine. El padre abrió la puerta y me aclaró que Fernando no vivía más allá, que lo había echado, tenía 18 años hace más de un mes y podía cuidarse solo.Cuando le comente que no estaba yendo al colegio no se sorprendió, según él era como todo artista: un irresponsable. Esta vez no pude guardarme mi opinión y después de una fuerte discusión me cerró la puerta en la cara.
No volví a oír de Fernando por un año hasta que un dia fui a visitar el Museo de Bellas Artes. Un cuadro pintado en acrílico de un ave volando me llamó la atención y me recordó mucho a él, este estaba firmado por Candó. Pregunte por el artista y me dijeron que era un ermitaño y que nombre nunca fue revelado al público, sin embargo su manager me dio el email del artista. Esa misma noche le escribí un correo en la cual le conté mi reacción al cuadro y su relación con la historia de ese al que nunca llegue a llamar amigo pero que lo quería como tal. Dos días después recibí una respuesta que solo decía: Muchas gracias, tu amigo Fer.
Esta es la historia que yo conocí de Candó después de años de críticas hacia él y su forma de ser hoy me alegro de estar aquí con ustedes compartiendo por primera vez su verdad.

Crónica realizada por Pilar Burger y Agustina Ben

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